Dignidad para morir

“Lo único que todos tenemos en común es que fuimos paridos por una mujer y eventualmente vamos a morir”, no olvido esa frase de un profesor en la universidad. Él no estaba equivocado, nacer y morir hacen parte del ‘ciclo de la vida’.

Hablar de muerte es doloroso, al menos para mí, son esos temas que suelen traer recuerdos tristes de personas que partieron y con las que hubiera querido pasar más tiempo, en especial cuando justamente el dolor físico las hizo sufrir día y noche, hasta que todo llegó a su fin.

Desde hace un par de décadas existen organizaciones que trabajan para lograr que la muerte digna sea un derecho. Y es que pasarse días, meses o años sufriendo en una cama de hospital para muchos parece algo inconcebible… No solo por el terrible estado que el cuerpo y la mente sufren en estas condiciones (si ir al médico es bastante nefasto, imagínese tener que ‘vivir’ allí por un tiempo prolongado y sin muchas esperanzas de salir vivo), sino por los altos costos que implica mantener a una persona conectada a un aparato o tomando medicamentos especializados que no ayudan a superar la enfermedad.

El suicidio asistido ha sido reconocido como un derecho por muy pocos países, dentro de los que se destacan Suiza y Bélgica. Este acto es para muchos una manera de acabar con el sufrimiento de las enfermedades terminales o la vejez. Pero es importante no confundir el suicidio asistido con la eutanasia, que es un procedimiento médico realizado por profesionales.

Dignitas es una organización suiza que funciona desde 1998 bajo el lema “vivir con dignidad, morir con dignidad”. Además de brindar la asistencia necesaria para acabar con la vida de las personas de la manera más digna y menos dolorosa, también ofrecen apoyo psicológico para quienes optan por esta opción y sus familias.

Michèle Causse, teórica y autora francesa, se unió a este grupo para darle fin a su vida, tras varias complicaciones de salud que hacían su día a día complicado. Peter Smedley, un hotelero millonario, también optó por el suicidio asistido después de ser diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica.

Estoy segura que tomar esa decisión no debe ser nada fácil, pero pensar en padecer una condición extraña o para la que aún no hay una cura y tener que pasar una larga temporada ‘enchufada’ a una máquina que me da vida de manera artificial, hace que esta determinación tenga sentido.

En Colombia, un país en el que la guerra ha matado a miles de personas, hablar del suicidio asistido parece un pecado. A pesar de que la eutanasia se practica en casos muy específicos que generalmente incluyen meses o años de peleas legales, el derecho a morir con dignidad parece algo muy lejano.

Yo creo que más allá de lo que las leyes y la religión nos digan sobre la vida, es importante que empecemos a ver la muerte como algo natural, como parte de nuestra existencia en la tierra y en ese sentido no deberíamos seguir poniendo trabas sociales o judiciales para cumplir el deseo de las personas de morir de manera digna y sin sufrir.

¿Usted qué haría? ¿Estaría dispuesto a finalizar su vida y así evitar el dolor de una enfermedad crónica?